El mundo se ve diferente asomándote al ventanal de tu despacho, en la última planta de un rascacielos del centro financiero de la ciudad mientras saboreas las mieles del éxito. Cuando todo el mundo se rinde a tus pies, cuando con un solo chasquido de dedos consigues caprichosamente todo aquello que pides, por absurdo que pueda llegar a ser, sientes con fuerza en tu torrente sanguíneo que eres el puto amo, que estás en la cima y que todo lo que se te antoje o desees hacer realidad, está a tu alcance. Y si, de modo adicional, el mueble bar de tu despacho nada tiene que envidiar a la carta de licores del Waldorf Astoria e
Notas como tu adrenalina viaja por el torrente sanguíneo a una velocidad tal que que te provoca una erección constante. Y todo eso, joder, no nos engañemos, te pone cachondo cada puñetero minuto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario